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Las ruinas que están y las que se avecinan

José Bau 31 enero, 2015 2

Vivir en una urbanización en expansión es, hoy día, sinónimo de vivir entre ruinas. Y no hablo de esas ruinas clásicas, antiguas, dignas, de las que se preocupan los arqueólogos e historiadores, sino de cientos, miles, de casas a mitad construir. Casas que se construían en los jugares dónde se disponía de más vista, y que por tanto son también las más visibles, con el marchamo de «viviendas de lujo» pero que, en ocasiones se realizaban con materiales de tercera, no en todas, eso es necesario reconocerlo, pero sí en algunos casos, pues de hecho conozco gente que una vez comprada ha tenido que rehacerla por dentro a los pocos años.
¡Y esa fue de las terminadas!
Como si el suelo se fuese a acabar, como si todo el mundo necesitase huir de la infernal vida urbanita, vale sí lo reconozco: yo he huido de esa vida y en el campo (salvo algunas cuestiones, como los penosos servicios que {no} prestan las empresas de {in} comunicaciones) se vive bastante mejor.
Pero eso no es excusa para que a aquellos que por falta de medios, ambición o contactos… en lugar de cobrarles su valor se les cobre el doble o más. Sí o más. Casas con la mitad de superficie construida que la mía, con fragmentos de parcelas menores que la mitad de la mía (tan menores que de hecho según el PGOU de la zona son ilegales: no cumplen ni la parcelación mínima, ni la fachada mínima ni las distancias a los vecinos de la zona construida) se vendían por dos o tres veces lo que nos costó a nosotros realizar la casa. No voy a entrar en la cuestión de si habían o no gastos no explicables (al menos no públicamente explicables) porque creo que todo está explicado en el artículo.
Todo excepto que la mayoría de las constructoras iban construyendo con dinero de pólizas de crédito a corto (pagan menos interés que a largo y tienen menos gastos que un hipotecario, sobre todo menos gastos fiscales) que avalaban con el alto valor de los terrenos comprados y recalificados sin construir. Todo un castillo de naipes que se derrumbó en 2006 cuando el valor teórico del suelo no urbanizable dejó de ser el criterio para la expropiación y pasó a ser sustituido por el valor de lo edificado (y si no lo estaba con el uso futuro, y público lo que equivale a casi cero, o del uso actual, rural o forestal, lo que también equivale a cantidades ínfimas) provocando una falta de liquidez y quiebras en cadena que se achacaron a las subprime.
Y de esos lodos nos quedaron estas ruinas:



Ruinas

Ahora, que parece que algunos valientes están empezando a volver a la actividad, de cero y en otros terrenos, ya que la mayoría de esas «ruinas» siguen bloqueadas por la lentitud judicial, parece que se avecinan otros lodos en expropiaciones y socializaciones masivas… ¿Qué nuevas ruinas nos traerá el futuro.

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