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La mentira de las balanzas fiscales

José Bau 2 Mayo, 2017 0



Sabía que mi comentario sobre el régimen foral navarro y vasco y iba a generar reacciones. Y también sabía que estas no iban a relacionarse con el principio inicial de mi artículo: si la recaudación depende de dónde tiene su sede una empresa y no de dónde vende (y por tanto de quienes pagan los impuestos indirectos) el cálculo de las balanzas fiscales es falaz, es más calcularlo teniendo, como es el caso de Barcelona, la sede de gran cantidad de empresas que se dedican a prestar servicios en el resto de España, no es más que un intento de colonialismo cultural.

Y ahora vamos a responder a todos aquellos que habéis alegado «derechos históricos» en favor de las administraciones forales navarra y vasca.

Los esfuerzos por mantener la zona de Guipúzcoa bajo la influencia navarra naufragaron en 1076, con la muerte de Sancho IV de Pamplona. Ese año, la mitad occidental del territorio guipuzcoano pasó a Castilla. En el año 1200, Alfonso VIII de Castilla incorporó Guipúzcoa de forma definitiva a su reino.

Entre 1199 y 1200, la preeminencia navarra sobre Álava sufrió un vuelco en el contexto de un episodio bélico contra Castilla. El rey Alfonso VIII de Castilla conquistó por la vía militar Vitoria y parte de Álava. el Señorío de Arriaga,  fue independiente a Castilla hasta su autodisolución en 1332, fecha en la que se produjo la entrega voluntaria de las tierras de la Cofradía a Alfonso XI.

En 1379 el rey Juan I de Castilla se convirtió en señor de Vizcaya por herencia materna, ya entonces los señores de Vizcaya eran vasallos de los reyes de Castilla.

Por lo tanto lo que hoy día conocemos como País Vasco era parte de Castilla mucho antes de que la unión de Isabel y Fernando constituyesen la moderna monarquía hispánica.

Queda Navarra, reino independiente que fue conquistado en su mayoría por Fernando el Católico y su nieto Carlos I aprovechando la guerra civil de dicho territorio apoyando a nobles rebeldes al rey navarro. Solo una pequeña parte, al norte de los Pirineos, la Baja Navarra quedó bajo poder real de la dinastía de Foix, siendo vasallo del rey de Francia. Generaciones después el rey de Navarra se convertiría en Rey de Francia. Es bastante común entre los historiadores decir que Navarra se incorporó a Castilla, pese a que a diferencia del resto de territorios, Navarra mantuvo sus propias Cortes y no fue incorporada las de Castilla, pero tampoco eran convocadas, al igual que las de la corona de Aragón Peninsular, de forma conjunta en Monzón o Fraga.

Puesto que apoyó al rey Borbón, Felipe V durante la guerra de sucesión mantuvo sus fueros (a diferencia de los reinos de la corona de Aragón que los perdieron y pasaron a enviar representantes a las Cortes de Castilla.

En 1839 con el fin pactado de la primera guerra Carlista la Ley de Confirmación de Fueros aprobada por las Cortes españolas reconocía los fueros pero sometidos a la Constitución de 1837. En el caso de Navarra se concretaría más con la Ley Paccionada Navarra. El régimen fiscal propio es establecido por dicha ley. Esta ley estuvo en vigor hasta la segunda república proclamada en 1931. Supuestamente iba a ser sustituida por el estatuto de autonomía, pero el carácter confesional católico del mismo, frente a unas cortes altamente anticlericales y anticatólicas hizo que no fuese aprobado. El inicio de la guerra civil complicó la aprobación de una nueva propuesta. Sin embargo, en 1939, tras la victoria del bando sublevado en la guerra civil y por su apoyo en la sublevación el gobierno militar concede gran parte de las reclamaciones forales a Navarra y a la diputación de Álava. No así a Guipúzcoa y Vizcaya que habían permanecido fieles a la república.

La constitución de 1978 lo único que hizo al respecto fue mantener lo aprobado por el gobierno militar en 1939 extendiendo a las tres provincias vascas las prerrogativas que tenía la diputación de Álava. De hecho las atribuciones actuales del gobierno vasco nacen de la posibilidad que establece la constitución de que las tres diputaciones renuncien a ello en favor de una entidad común.

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